Nueve sugerencias para un movimiento ambientalista amplio

por Raúl González

Sugerencia uno: combinar el cambio de las estructuras o del sistema con el cambio personal. Estos cambios suelen ser puestos en contradicción afirmando que uno de ellos es el primero; el otro, según la visión que se tenga, solo puede provenir como consecuencia del otro. Sin embargo, ambos planos deben ser vistos en relación metabólica. Un cambio de estructuras promovido sin sostén en nuevos principios de conducta personal parecerá retórica, no dará lugar a ejemplos, disociará el hacer con el decir. A la vez, un cambio de las estructuras, gradual o más intenso, generá nuevas condiciones de posibilidad para el cambio personal. La ampliación de las fronteras en uno de esos planos genera condiciones para la ampliación de las fronteras del otro.

Sugerencia dos: combinar las acciones locales, nacionales y globales. Los cambios generales, de gran escala, no son la pura sumatoria de acciones y cambios locales. Pero esas acciones de gran escala apuntando a cambios globales carecerían de sostén, de solidez, sino expresan lo que también ocurre en múltiples puntos o territorios locales. A la vez, las iniciativas y cambios locales tendrán mayores profundidades y facilidades si hay escenarios globales y nacionales que generan mejores entornos y condiciones para procesos transformadores a esa escala.

Sugerencia tres: combinar la necesidad de la acción urgente con  procesos crecientemente democráticos y masivos. Debe existir habilidad y destreza para fundar un tiempo humano desafiado en asumir la velocidad amenazante de los cambios geológicos en curso, producto del impacto de la humanidad capitalista y productivista y que, a la vez, no se presente o sea experimentado como un “orden” ecológico impuesto. El tiempo histórico-social debe situarse en correspondencia con la urgencia ambiental, invirtiendo la forma clásica en que nos hemos representado ambos tiempos. Ni dictadura ecológica ni suicidio colectivo. Esto obliga a combinar las acciones ejemplares que den visibilidad a la magnitud de las catástrofes y las potencialidades de actuar con procesos democráticos que construyan nuevas convicciones morales colectivas.

Sugerencia cuatro: combinar iniciativas, procesos, experiencias, construcción de poder “en” y “desde” la sociedad civil con avances, procesos, construcción de institucionalidad en las esferas de los Estados. Lo primero debe disputar las orientaciones culturales y prácticas de la sociedad, densificando esta de iniciativas socio-ambientales, pero también constituir  antecedentes y circunstancias para que el carácter del Estado y la política representativa sea facilitadora de esos procesos. A la inversa, los cambios institucionales, estatales deben sustentarse en procesos, expresiones y organizaciones sociales y, a la vez, ser un factor de su empoderamiento.

Sugerencia cinco: combinar la defensa de la naturaleza, de sus equilibrios, de la conexión espiritual y estética con ella, con una renovada valorización de lo humano. Lo humano debe encontrar un engrandecimiento y una referencia, éticos, en el re-conocimiento de la naturaleza  como algo irreductible a mero factor productivo o materia prima. A la vez, reconocerse como humanos en esa nueva (y antigua) sensibilidad y relación con la naturaleza es un sustento y un resultado de nuevas relaciones entre los humanos.

Sugerencia seis: combinar las fuerzas provenientes de la razón y de la emoción. La idea que “la razón” ha sido la base de la modernidad que justamente ha avasallado la naturaleza lleva a su descalificación y a elevar el mundo de lo sensible, de la emoción, de lo espiritual, como las bases de una fuerza transformadora. Esto último es clave; pero también es clave distinguir que esa “razón” criticada ha sido una de tipo instrumental al servicio de fines y horizontes, como el dominio de la naturaleza, y que terminaron por transformarla, en fines en sí mismo. Frente a ello, se debe reponer una razón sustantiva, no reductible a la sola mecánica de la eficiencia medios-fines, que es abierta a las expresiones de la emoción, la celebración, lo místico, no como realidades “inferiores” a las que impone el solo imperio de la razón productiva. Pero una nueva experiencia estética, espiritual, lúdica con la naturaleza necesita también fundarse en una nueva ética, en una nueva razón que es capaz de comprender y subjetivizar el significado de ello.

Sugerencia siete: combinar vertientes ideológicas, culturales y cosmovisiones que teniendo diferencias pueden constituir una corriente y una fuerza amplia y diversa en la dirección de una defensa planetaria y de transformación social: entre aquellos que parten desde una crítica fundamental a la modernidad, aquellos que critican el orden de cosas actual desde valores de la propia modernidad pero negados o no concretados en su expresión capitalista, o quienes se posicionan desde valores postmodernos. Entre quienes  lo hacen desde una superación del antropoceno o quienes plantean que hemos vivido, más bien una era del capitoloceno. Entre quienes plantean la necesidad de un ecocentrismo o quienes se ubican desde un antropocentrismo ecológico radical.

Sugerencia ocho: combinar la idea de que para que haya un cambio real y una inflexión histórica debe haber una mayoría con el reconocer que quienes están hoy por ese cambio profundo y de manera activa, constituyen aun una minoría. Más allá de quienes tienen intereses directos en el sistema actual, detrás de ello hay a veces déficit de información, pero sobre todo dificultades de imaginar y construir imágenes de situaciones  y trayectorias futuras. Ello supone acciones diversas que hagan de las catástrofes ya comenzadas, actos de conciencia que empujen formas de distintas de habitar. Tambien, avanzar desde una pedagogía de las catástrofes, que sabe saber mostrar las injusticias ambientales en sus orígenes y consecuencias e ir escribiendo trayectos históricos diferentes desde las prácticas que imaginen y narren otros finales posibles.

Sugerencia nueve: combinar las críticas a lo que ocurre y sigue ocurriendo con aquellas victorias que se van obteniendo en distintos espacios, en la sociedad y en las políticas públicas; en la cultura, en el sentido común, en el cambio de miradas, en la fuerza de las manifestaciones, en el cambio de los límites de lo inaceptable y de lo posible, en el uso de recursos. Solo mostrar los poderes que ponen límites y enmarcan el presente; solo las estructuras que oponen resistencia a los cambios o mostrar todo logro, por parcial, cooptado por los poderes y estructuras dominantes, terminan invisibilizando esas fuerzas, logros, victorias, construcciones, experiencias.

Las nuevas narrativas para la transformación

por Joachim Borner 3 octubre, 2019

Antiguamente se podía decir que los seres humanos vivían en la Tierra o en la naturaleza. Pero cómo se puede describir eso, donde este algo nos impone de repente nuevas reglas del juego, donde no solamente cambia la decoración, sino también determina la dramaturgia, y eso debido a nuestra acción y como reacción a ésta.

La actual desorientación tiene su origen en el hecho de que, muy repentinamente, aparece un actor en el escenario  que hasta la fecha fue considerado accesorio; más bien como escenografía en donde la modernidad globalizada o  el capitalismo neoliberal se mueve, actúa y enriquece. Lo que perturba profundamente es la efectividad de este actor, que ya no se presenta como mero ornamento. Interactúa y participa como “sujeto” en la vida pública. Lo fatal es: en su narrativa nos deja en la incertidumbre sobre dónde nos encontramos, en qué época y qué papel jugamos. Bruno Latour llama a este actor: lo terrestre (Latour, 2018: 53)

Antiguamente se podía decir que los seres humanos vivían en la Tierra o en la naturaleza. Pero cómo se puede describir eso, donde este algo nos impone de repente nuevas reglas del juego, donde no solamente cambia la decoración, sino también determina la dramaturgia, y eso debido a nuestra acción y como reacción a ésta. Este algo es parte de la sobrevivencia humana, no solamente porque reacciona, sino también porque este algo en sí cambia debido a nuestras actividades y, por lo tanto, cambia su reacción frente a nosotros. Bueno ¿cuál es el papel que juega el ser humano?. De todos modos, es cierto que ya no puede seguir contando las mismas historias

Entonces ¿Volver al pasado? ¿Reaprender antiguas recetas? ¿Aprender de las pocas culturas que aún no han  sido capitalizadas?. ¡De todos modos! Pero sin ilusiones: ¡Para ellas tampoco existen precedencia! Ninguna cultura humana –cuán sabia, atenta y amante de la naturaleza nos parezca– ha tenido que lidiar hasta  ahora con las reacciones del territorio (Buckminster Fuller 1968 y Crutzen, et. al. 2011) ante las acciones de entre 8.000 y 9.000 millones de personas. Aun cuando penetráramos en la sabiduría de los últimos diez mil años, sólo ha debido entregar un manual de acción a unos miles o millones de personas en un medioambiente estable. Es necesario observar con atención. Probablemente sólo así podremos aprender a leer y a ver; sólo así podremos ponernos al día con el atraso que tenemos en la dotación de nuestros afectos políticos.

Esto no introduce en una discusión de los primeros pasos comunicativos. La  comunicación sobre el cambio climático facilita normalmente informaciones (científicas)  sobre

el proceso  del cambio climático,  sus causas industrial. La comunicación del cambio climático explica, juzga lógicamente y muestra los límites planetarios. Punto.

Implícitamente,  la comunicación sobre  el cambio climático busca impulsar  cambios. Que comience la gran transformación (WBGU, 2011). Desde hace años, mirando el conjunto de pruebas, debería haber comenzado hace años. Pero no quiere tomar vuelo y todavía tiene que enfrentar a los escépticos frente al cambio  climático. ¿Entonces más explicación aún?. ¿O una segunda Ilustración? (Club de Roma , ed. 2018). Al parecer, el (la falta de) conocimiento sobre el cambio climático no es el problema principal. La dificultad de una descripción empírica de las consecuencias y los desafíos del cambio climático ya no se debe a la falta de información, sino más bien, a la inversa, al gran volumen de datos que sigue aumentando y que dificulta dibujar una imagen completa de los cambios.

Lo que ocurre es que se  vuelve más difícil encontrar  una orientación sobre el presente  y futuro climático, mientras aumenta la descripción  cuantitativa de fenómenos, la comprensión de la profundidad del cambio y de la radicalidad de los procesos de transformación parece ir disminuyendo.

Pero junto a este dilema, surge otro: las narrativas de la forma capitalista de vida y producción que se repiten a diario, cubren  posibles espacios de resonancia y acción, posibles caminos de innovación y transformación que son necesarios y adecuados a  la altura de los desafíos a enfrentar. Simplemente faltan las narrativas y el diseño de transformación para una cultura climática. Y nuevamente, punto.

A diferencia de “todos los demás “, en la comunicación del cambio climático, no importa si es la ciencia, el periodismo, la educación o las tertulias, no tenemos nada que contar. Hablamos mucho de situaciones no  adecuadas para el clima o de normas y límites dentro de los cuales se debe desarrollar la cultura climática. Pero no hablamos de cómo sería la vida dentro de los límites planetarios. Nada se habla de las controversias y cómo manejarlas.

Lo que quiero decir es: a la comunicación del cambio climático le falta su propia narración, y esto en dos sentidos. En  primer lugar, en el sentido de la narración misma, es decir, el acercamiento a los futuros altamente complejos y dinámicos, y, en segundo lugar, en el sentido de narrativas, de mitos orientadores de culturas climáticas globalmente interconectadas. Son  los efectos específicos de comunicación, que recomiendan los cuentos (narraciones).

Pero  estas narraciones en sí deben asumir “características” a través de las cuales expliquen lo que llamamos espacios de resonancia y de diseño, que en realidad nos faltan tanto en la imaginación como en la realidad. En breve: (1) Tienen que ser historias del futuro que cuenten lo que habremos hecho, organizado y creado, con o sin éxito, con conflictos y evoluciones, de todos modos, con todo lo que significa el desafío (2) Deben ser historias seriales, que narren las diferentes alternativas de futuro. (3) Si finalmente reconocemos que no tenemos idea de cómo diseñar el camino de la transformación, si entonces, en el proceso mismo “debemos  aprender a leer” transformación, entonces nuestros cuentos simplemente no pueden ser concluidos. Son “abiertos” para los demás, que quieran participar en la narración; que puedan reeditarla.

¿Por qué narrar?. Las narraciones, no importa si en texto, imagen o película, nos ayudan a relacionar cambios con nuestra vida directa, con nuestras lógicas de acción individuales  racionales y emocionales (primer contexto); colocan los rompecabezas de la ciencia, los medios, las tertulias, entre otros, en un contexto (segundo contexto); los interconectan  formando una visión (del mundo) y, si todo resulta bien, desarrollan la relación causal

entre  ellos (es  decir en una  mirada histórica  sistémica) que no  describe solamente la situación, sino, además explica  sus causas y trasfondos (tercer contexto). Comprender  las causas es un factor para la motivación de emprender cambios, muy al contrario de la gestión de crisis, que solamente trata los síntomas.

Por esta razón, todas  nuestras culturas han desarrollado una  técnica de cultura narrativa para la organización  de su mundo. A través de los cuentos entendemos  el sentido de (nuevos) manuales para actuar y conclusiones de la  historia desarrollando de este modo confianza/desconfianza respecto a decisiones y explicaciones dentro de desarrollos sociales. ¿Por qué? Porque muestran patrones y no tan sólo informaciones crudas. En  las estructuras narrativas siempre encontramos empatía, valores, esperanza, responsabilidad.

La interacción entre el cerebro y las historias nos ha organizado en nuestro condicionamiento histórico de tal manera, que fomenta el recordar cómo, en el pasado, hemos superado crisis, guerras y catástrofes. Si somos capaces de recordar de manera creativa (es decir, adaptiva), entonces podemos acercarnos más fácilmente al futuro de manera creativa. (Borner, 2018).

Sería una tecnología cultural cualitativamente nueva, si nosotros, la humanidad industrializada, capitalista, dedujéramos las actuales decisiones sobre nuestro actuar del futuro (y si fuéramos capaces de hacerlo). Hasta ahora, tomamos las decisiones como un conductor de vehículo que decide su manera de conducir mirando al espejo retrovisor. Esta nueva tecnología de cultura significa, no aprender  a leer, en primer lugar, de las experiencias, sino deduciendo desde las imágenes del futuro, es decir, del diseño deseable y de la superación de las tendencias globales/regionales de cambios radicales. Deseable es un sinónimo para sobrevivir y para la soberanía de la supervivencia social.

Este aprender a leer (Schneidewind 2016) es un proceso social intercultural controvertido, en el cual se genera  conocimiento robusto en sistemas sociales en competencia que idealmente moviliza el sentido de lo posible como factor de productividad, siendo la comunicación el medio decisivo como acuerdo de negociación y aprendizaje.

¿Por qué narraciones ficticias del futuro?

Aquí tenemos el gran desafío. Hasta ahora, las narraciones y argumentaciones se presentan normalmente con la descripción de las consecuencias negativas del cambio climático. Las exigencias normativas que transmiten las imágenes geniales de los límites planetarios (Rockström, 2009) es decir, no son traducidas  en orientaciones de cambios radicales de la cultura diaria, con sentido y en relación con las causas. El estado llena este vacío con recomendaciónes para actuar que no tienen una relación adecuada con los escenarios de posibles cambios/consecuencias. Pero el desafío de la supervivencia cultural exige un paradigma de las reglas del juego a nivel mundial y de  los patrones de reproducción fundamentalmente diferente al actual. Falta una visión positiva, un: lograremos sobrevivir con cultura. Pero lo que tenemos es una resignación al unísono, aceptamos el mundo tal como es. Pero siguiendo los datos sobre las consecuencias climáticas, los límites planetarios y sociales no son otra cosa que el llamado a un cambio radical.

Con estas pautas de desarrollo tan frustrantes que nos dicta el manual dominante a nivel global ¿no sería recomendable crear  cuentos que muestren culturas climáticas (basadas en conocimiento)?. Es decir, abordar las causas y consecuencias del cambio climático de una manera capaz de actuar y diseñar. Cuentos que sean tan transcendentes, coloridos, realistas, controvertidos y visionarios que puedan superponerse a

la  narrativa  chillona de  hoy, la utopía  del capitalismo. A diferencia de la historia cultural de la humanidad hasta la fecha, son los signos y los relatos del futuro los  que nos señalan preferencias para las acciones de hoy. De lo contrario, nos mantendremos en una gestión de crisis permanente.

Narrar desde el futuro es un tremendo esfuerzo creativo. Exige entrenar nuestro sentido de lo posible. El sentido  y la capacidad de imaginarse futuros posibles, de diseñarlos. También implica la capacidad de tomar conciencia de la resistencia de los grupos de interés en las actuales estructuras del poder.

Narraciones abiertas, inconclusas. Si sólo  podemos aprender a leer el futuro y la  transformación diseñándola, entonces las narrativas conclusas  y cerradas, como las que predominan en las sociedades jerárquicas  y se narran desde arriba hacia abajo, no ayudan mucho. Corren el peligro  de describir el futuro como mera prolongación del presente. Las narrativas que incorporan la búsqueda y el aprendizaje son historias abiertas que se pueden modificar, corregir, reparar, re-editar, que soportan cambios de perspectiva y organizan controversias. Permiten narrar historias desde el principio sin anular la narrativa anterior (Borner, 2018)

Aún no existen narrativas que determinen la transformación hacia la cultura del clima y que se compongan de  una gran cantidad de narraciones sobre la acción sostenible, de historias de éxito y fracaso. Sin embargo, se vislumbran  criterios aptos para describir el marco y la radicalidad del cambio cultural. Siguiendo a Dirk Messner, es una nueva visión  del mundo (Messner, 2017). En su libro sobre la metamorfosis del mundo, Ulrich Beck lo llama “el cambio transcendente de la cosmovisión”,acompañado por una “revolución global de los efectos secundarios de la modernidad” (Beck, 2018). Significa un  cambio en las estructuras profundas de la sociedad y una reducción de las dependencias culturales y mentales.

Las  nuevas  narrativas  de la cosmovisión  se basan en modelos  cognitivos de futuros  posibles (modo de conocimiento).  El factor del corto plazo, es decir,  la correlación entre el cambio y la transformación proactiva,  juega un papel especial, al igual que una nueva postura fundamental,  cultural e histórica, de responsabilidad a largo plazo y responsabilidad por el sistema de la Tierra. De alguna manera, uno podría ver una inversión en las narrativas de tal manera que los hechos blandos y los valores duros se conviertan en el patrón básico de la narrativa.

Son  grandes  las barreras  que hay que superar.

Pero  no nos  queda otra  opción que enfrentarlas  si no queremos que, tal como  lo observa Hariri, haya un cambio  gradual de poder en la toma de decisiones desde nosotros, los seres humanos, hacia los algoritmos (Hariri 2017).

¿Qué es transmedia y storytelling?

Vivimos en una sociedad multipantalla y multimedios en la que constantemente consumimos datos, información, conocimiento, etc. de forma simultánea e incluso compulsiva: la transmedialización de los contenidos. 

La narrativa transmedia consiste en contar una historia -de la marca, producto o servicio- en diferentes ventanas, ya sean soportes digitales como las redes sociales o espacios offline, con la ayuda del público, siendo éste parte esencial de la construcción social de la marca y del propio mensaje.

A continuación, profundizamos en una aproximación a los conceptos transmedia y storytelling desde la perspectiva de la comunicación, el marketing digital, las relaciones públicas y el social media.

¿Qué es transmedia?

Transmedia (comunicación transmedia)- Proceso narrativo basado en el fraccionamiento intencionado del contenido y su diseminación a través múltiples plataformas, soportes y canales (offline y online), con el fin de que cada medio cuente una parte específica y complementaria de la historia. De esta forma, la comprensión absoluta y el conocimiento profundo de la narración se obtienen cuando se recorren las múltiples plataformas, soportes y canales.

Es un proceso que implica interacción por parte del usuario. Por un lado, porque él es quien decide qué recorrido efectuar y hasta dónde profundizar. Por otro, porque la naturaleza de las plataformas sociales (redes como Facebook o Twitter), muy utilizadas en la comunicación transmedia pero no necesariamente obligatorias, favorecen la interacción de los usuarios con la narración e incluso la co-creación de contenidos, llegando a transformar la historia.

Además, debemos tener en cuenta el contexto donde se genera la narrativa transmedia: las marcas son una construcción social. Las personas generamos contenido y mostramos opiniones permanentemente. No queremos únicamente consumir productos o contenido. Hay un deseo expreso de participar, valorar, recomendar, criticar y compartir nuestro punto de vista. Como señala el profesor Joan Costa, la propiedad intelectual de la marca está en manos de las propias marcas, pero la propiedad emocional le pertenece al público.

En definitiva, en comunicación transmedia no existen receptores ni espectadores pasivos. Tampoco hay un único nivel de comprensión del contenido. No es una simple forma de contar una historia a través de múltiples plataformas. Implica una estrategia que va más allá, cuya intención es generar una experiencia al usuario, dándole protagonismo y llevándole a la acción, con complicidad y libertad para actuar o integrarse en la narrativa, pilares básicos del engagement.

La tecnología, las redes sociales y movimientos como la gamificación, el social TV o la generalización en el uso de la segunda pantalla (por ejemplo, ver la televisión mientras chateas en Twitter), han contribuido a enriquecer el discurso y a facilitar la construcción de estrategias transmedia. Ejemplo de ellos son los casos de éxito de comunicación transmedia.

En resumen, ¿cómo lo definiríamos en 140 caracteres?  #Transmedia = diseminación multicanal de contenido donde cada medio cuenta 1 parte de la hª consiguiendo que el usuario interactúe con ella.

(*) Transmedia: Adjetivo formado por la preposición “trans-” (a través de, pasar de un lado a otro) y el sustantivo “media” (conjunto de medios de comunicación. Soporte, canal, plataforma).

¿Qué es storytelling?

En comunicación y relaciones públicas, el storytelling es la forma de plantear una historia. Consiste en articular un discurso bajo un punto de vista, dotarle de un ángulo de enfoque, facilitando la construcción de contenido alrededor de una marca, producto o servicio bajo un hilo argumental. Tiene como objetivos ubicar el mensaje bajo una posición bien definida y acercarlo a un público específico. De esta forma, el storytelling contribuye a la comprensión del mensaje y acerca las marcas a las personas de una manera más empática.

Además del hilo argumental, el storytelling debe tener en cuenta aspectos como los testimonios, es decir, quiénes serán los protagonistas del discurso que queremos trasladar, así como los escenarios en los que va a ser transmitido el mensaje.

Activista Greta Thunberg parte a Ginebra en preámbulo de su gira y paso por Chile

Su objetivo es hablar ante Naciones Unidas durante la cumbre climática del 23 de septiembre, tras lo cual continuará hacia Chile, donde se celebrará la conferencia de la ONU contra la emergencia climática, el próximo diciembre.

La activista medioambiental sueca Greta Thumberg partió este sábado hacia Ginebra, donde hará una etapa previa a la gira global que piensa realizar en un velero a Nueva York y Chile para llevar su alerta contra la crisis climática.

Thumberg salió en tren en dirección a Lausana, según informa la activista a través de su cuenta en Twitter, donde alude a su travesía transatlántica, que realizará en un velero pilotado por Pierre Casiraghi, hijo de la princesa Carolina de Mónaco, y el regatista alemán Boris Hermann.
Su propósito es desplazarse desde Suiza a Reino Unido y partir a continuación hacia Nueva York para una travesía que se prolongará unas dos semanas.
Su objetivo es hablar ante Naciones Unidas durante la cumbre climática del 23 de septiembre, tras lo cual continuará hacia Chile, donde se celebrará la conferencia de la ONU contra la emergencia climática, el próximo diciembre. Thunberg se despidió el viernes de sus seguidores en Estocolmo, en una acción ante el Parlamento sueco, el lugar donde inició su campaña de huelgas en protesta contra la crisis climática, origen del movimiento
global “Fridays for Future”.
Las acciones de la activista no están exentas de controversia, sea de quienes le recriminan que mueva al absentismo escolar a las decenas de miles de menores que se han sumado a su movimiento en todo el mundo, sea de quienes cuestionan su estado mental.
Un destacado periodista australiano del “Herald Sun”, Andrew Bolt, la calificó esta semana en twitter de “profundamente perturbada” y relacionó lo que denomina “campaña de pánico climático” con el diagnóstico de síndrome de Asperger de la activista.
Thunberg respondió a esa crítica desde twitter, su canal habitual de comunicación, y dijo que, efectivamente, se sentía “profundamente perturbada” por tales mensajes de odio.
A Thumberg, de 16 años, la acompañarán en su travesía a bordo del “Malizia II”, además de los mencionados pilotos, su padre y un cineasta.
El velero, de 18 metros de eslora, no genera emisiones tóxicas, ya que está habilitado con placas solares y turbinas submarinas.

Fuente: El Mostrador

Académica Paulina Aldunce expuso en conferencia clave sobre cambio climático de cara a la COP25

El encuentro convocó a investigadores de diversos países con el propósito de avanzar en propuestas desde el mundo de las ciencias para las negociaciones y toma de decisiones sobre cambio climático.La también investigadora del Centro de Ciencia del Clima y la Resiliencia (CR2), una de las tres representantes de la U. de Chile ante el Comité Científico nacional de la cumbre COP25, expuso un análisis de los principales desafíos sobre adaptación y transformación ante el calentamiento global en la Conferencia sobre Cambio Climático realizada en la ciudad alemana de Bonn.

El encuentro convocó a investigadores de diversos países con el propósito de avanzar en propuestas desde el mundo de las ciencias para las negociaciones y toma de decisiones sobre cambio climático.

La participación de la profesora Aldunce en la reunión es la primera intervención de Chile en una instancia científica clave respecto a las medidas que se buscan impulsar desde la COP25.

La participación de la profesora Aldunce en la reunión es la primera intervención de Chile en una instancia científica clave respecto a las medidas que se buscan impulsar desde la COP25.

La académica expuso un análisis de los principales desafíos sobre adaptación y transformación en Chile, tema que será el eje de una conferencia internacional que realizará la U. de Chile en octubre.

La académica expuso un análisis de los principales desafíos sobre adaptación y transformación en Chile, tema que será el eje de una conferencia internacional que realizará la U. de Chile en octubre.

 

Un hito marcó la primera intervención de Chile en una de las instancias científicas internacionales más importantes en relación a las medidas que se buscan impulsar desde la COP25 frente a la emergencia del calentamiento global. La académica de la Facultad de Ciencias Agronómicas de la Universidad de Chile, Paulina Aldunce, fue la representante nacional encargada de exponer en la “Undécima Reunión de Diálogo en Investigación”, encuentro organizado en el marco de la Conferencia sobre Cambio Climático de la ONU realizada en la ciudad alemana de Bonn el pasado 20 de junio.

La reunión convocó a investigadores de diversos países con el propósito de avanzar en propuestas desde el mundo de las ciencias para el avance de las negociaciones y toma de decisiones en la COP25, evento global sobre cambio climático que se realizará en Chile a fin de año. La profesora Aldunce -quien también se desempeña como investigadora del Programa de Reducción de Riesgos y Desastres (CITRID)- destacó la importancia que tiene para nuestro país ganar un espacio de participación en esta instancia que busca generar medidas y soluciones para enfrentar el fenómeno que amenaza con elevar hasta 2° Celsius la temperatura de la Tierra en las próximas décadas.

“La COP cada vez está tomando más decisiones basadas en la ciencia y éste es un espacio clave de discusión científica para alimentarla. Es la primera vez que invitan a Chile a este encuentro que reúne a los científicos que tienen mayor relación con las otras instancias de la cumbre. Esta participación permite plantear los temas sobre cambio climático que estamos tratando en Chile y en países similares a nosotros”, comentó.

Junto a la profesora Aldunce, la profesora de la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas de la U. de Chile (FCFM) y directora del CR2, Maisa Rojas, fueron parte de la delegación chilena que viajó a la Conferencia sobre Cambio Climático de Bonn. Ambas investigadoras, junto al profesor Rodrigo Palma de la FCFM, representan además a la Casa de Bello en el Comité Científico impulsado por nuestro país de cara a la COP25.

Hacia la Conferencia Transformaciones 2019

La académica expuso un análisis de los principales desafíos sobre adaptación y transformación en Chile ante el cambio climático, particularmente cómo el tema está siendo abordado desde las ciencias. Esta perspectiva, explicó Aldunce, aborda cómo la sociedad responde y se transforma ante el cambio climático, proceso planificado o espontáneo que implica cambios profundos e involucra a diferentes actores sociales en distintos niveles, desde el espacio local hasta el internacional.

Las presentaciones realizadas por los distintos científicos y el trabajo realizado en este cónclave, señaló la académica, se convertirán en un informe que será dado a conocer en la “Conferencia Transformaciones 2019”, encuentro internacional organizado por la Universidad de Chile que se realizará entre el 16 y el 18 de octubre, en la antesala de la COP25. La instancia, en la que participarán además dos premios Nobel, reunirá a investigadores de distintas partes del mundo para analizar los cambios transformadores asociados al cambio climático, así como otros desafíos sociales y ambientales contemporáneos.

“Tenemos la necesidad de transformarnos, pero también tenemos la necesidad de aprender cómo hacerlo, y en esa necesidad es donde la Conferencia Transformaciones 2019 se impulsa para posicionar este concepto, cómo se implementa y darle la importancia que le corresponde en nuestro país”, comentó la profesora Aldunce.

La COP es la cumbre sobre cambio climático más importante del mundo. La instancia, que reúne a representantes de 197 países, se reunirá el próximo mes de diciembre en Chile para impulsar políticas activas para cuidar y proteger el planeta. La cita planetaria también buscará fijar criterios para el cumplimiento del Acuerdo de París y mejorar las metas para reducir la emisión de CO2.

Texto: Cristian Fuentes
Prensa UChile
Jueves 4 de julio de 2019

Análisis: El cambio climático como problema de desigualdad | (CR)2

Imagen relacionada¿Somos todas las personas igual de vulnerables ante el cambio climático? Esta puede parecer una pregunta válida si se piensa que el clima nos debería afectar a todos los humanos de manera homogénea, pero esto no es así. Lo primero que se debe entender cuando se habla de cambio climático es que éste es, justamente, un problema de desigualdad en varios niveles.

Hay que partir señalando que los países que más contribuyen al cambio climático no serán los más perjudicados, pues cuentan con mayores recursos y opciones para prepararse ante los impactos. De hecho, estos países llevan décadas preparando a sus comunidades con, por ejemplo, planes de diversificación de su matriz económica, fortalecimiento de los gobiernos locales, etc. En cambio, los países más pobres cuentan con poca información del cambio climático y la que tienen no está adecuadamente procesada o no es accesible, pues sus instituciones recién están incorporando esta temática a sus políticas públicas. Además, estos países están enfrentando múltiples desafíos que son visualizados como más urgentes que el cambio climático (combatir el hambre, los problemas de seguridad, corrupción, narcotráfico, entre muchos otros relacionados con los altos niveles de pobreza), lo que les dificulta desarrollar las necesarias estrategias de preparación para enfrentar los efectos que ya se están visualizando.

Según el ranking de vulnerabilidad de la Notre Dame Global Adaptation Initiative, Chile está mejor preparado que otros países, encontrándose en el puesto número 27 de las naciones que no se verán tan fuertemente impactadas por el cambio climático, aunque, igualmente, se encuentra por debajo de la media de los países de la OCDE. Sin embargo, nuestra dependencia de los recursos primarios, los que a su vez dependen del agua, como la agricultura y la minería, y el no tener diversificación de la matriz productiva, nos impiden tener la suficiente resiliencia frente a impactos como la sequía, la que afectará a muchos sectores económicos. Esta amenaza se ve especialmente agravada por las condiciones institucionales que favorecen la sobreexplotación de los recursos hídricos, dejando en una posición aún más vulnerable a la población rural dependiente de la pequeña agricultura y a los asentamientos humanos que enfrentan problemas de abastecimiento de agua potable.

Esta diferenciación entre países que cuentan con más y aquellos con menos recursos también se replica a menor escala al interior de los propios territorios. En el caso de Chile, las viviendas de las comunas más ricas cuentan con mayor y mejor aislación que las viviendas sociales o de autoconstrucción de las comunas más pobres, siendo capaces de soportar mejor las temperaturas extremas. A esto se suma que estas comunas cuentan con una mayor cantidad de áreas verdes, lo cual es sumamente importante pues la vegetación regula la temperatura.

Aquí entra en juego el concepto de “islas de calor”. Estas islas no son un fenómeno físico ni natural, sino que es una construcción social, una manera de construir nuestras ciudades, que hace que el calor se intensifique en ciertas zonas urbanas principalmente vulnerables, debido, entre otras cosas, a la escasez de áreas verdes. Las personas que viven en las “islas de calor” son las que se verán mayormente afectadas por las temperaturas extremas, sobre todo en aquellos meses que sobrepasarán los 30 °C. Esto claramente se podría clasificar como una injusticia social, porque son las personas con menos recursos las que viven bajo estas condiciones de estrés climático, soportando altas temperaturas en construcciones que no cuentan con mecanismos para enfrentarlas, sumado a que no cuentan con recursos para escapar de esta situación.

En el caso de Santiago, se pueden apreciar las diferencias de temperatura entre los distintos sectores de la ciudad. En el sector oriente, por ejemplo, donde hay una menor densidad de construcción y más áreas verdes, se presentan temperaturas más frías. Algo similar ocurre en el resto de las ciudades del país, las que reproducen el crecimiento y segregación de las zonas metropolitanas. En Chillán, por ejemplo, donde hay más de 30 °C en verano y bajas temperaturas en el invierno, sumado a la contaminación atmosférica, se observa que la gente de mayores ingresos vive en parcelas de agrado o condominios ubicados en la periferia, donde hay mejores condiciones climáticas y de habitabilidad.

No siendo esto suficiente, la vulnerabilidad ante el cambio climático no sólo es desigualdad desde el punto de vista económico, sino que también afecta diferenciadamente según el grupo etario, género y etnia. En el primer caso los adultos mayores son los más afectados por el cambio climático, debido a su sensibilidad frente a los cambios de temperatura y a la contaminación atmosférica. En tanto, en el segundo, son las mujeres, pues son las que más mueren en eventos extremos y desastres. Además, generalmente, se les atribuye el rol de cuidado del hogar, de los niños y de los ancianos, lo que les impide moverse o migrar en caso de necesidad. En relación al tercer caso, hay pueblos originarios que viven de la agricultura, viéndose altamente impactados en situaciones de escasez hídrica, por lo que deben dejar su forma de vida y migrar, con el consiguiente deterioro de su cultura, lo que también se considera una consecuencia del cambio climático.

En síntesis, la vulnerabilidad ante el cambio climático no afecta a todos por igual, siendo esto el resultado de un tema político, cultural, social y una desregulada planificación territorial, entre otras formas de construir nuestras sociedades. En el caso de Chile, además, responde a que los recursos naturales están en manos del mercado, no hay participación ciudadana significativa, y contamos con una débil institucionalidad para fiscalizar y preparar a los territorios frente a los desafíos del cambio climático. Bajo este contexto, el cambio climático se está transformando en una barrera para alcanzar el anhelado desarrollo y, sin duda, en una amenaza que profundiza nuestra ya preocupante desigualdad.

Anahí Urquiza, académica del Departamento de Antropología, Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de Chile e investigadora (CR)2

Fuente: Centro de Ciencia del Clima y la Resiliencia (CR)2 http://www.cr2.cl/

Desafíos climáticos de cara a la COP25: a propósito del anteproyecto de ley de cambio climático

67404310_389768424982718_7132920495074181120_nLa ley cumple un papel ordenador dentro del sistema jurídico, en especial cuando las medidas que conlleva implican restricciones a los Derechos. Partiendo de esta afirmación es que revisamos el anteproyecto que el Ministerio del Medio Ambiente está sometiendo a consulta pública sobre la ley marco de cambio climático. Aquí van algunos breves comentarios.
Nuestro parecer en torno a un avance de las acciones que deben emprenderse no se concreta en este proyecto que deja “para después” las medidas importantes como las restricciones a los gases de efecto invernadero (GEI), que se presenta como una hipótesis de mínima si realmente se quiere avanzar en el tema.
Veamos algunos planteos del proyecto en particular: la institucionalidad que incluye el anteproyecto de ley recoge el estado actual de la institucionalidad a cargo del cambio climático. Esto podría interpretarse como una pérdida de una oportunidad de mejora, máxime cuando lo que debe hacer Chile es profundizar la lucha contra el cambio climático y consolidar lo que ha avanzado hasta ahora.
Se advierten algunos desfasajes en los tiempos que plantea el proyecto. Ejemplo es la “Estrategia Climática a largo plazo” que se tiene que renovar a 10 años, y los compromisos frente al régimen internacional obligan en cinco años a presentar avances, de la mano de la Contribución Nacional Determinada, que es el mecanismo jurídico que impone el Acuerdo de París.
Se establece la posibilidad de qué porcentaje de reducción se fijen por autoridades sectoriales; estas reducciones se establecen en planes sectoriales de mitigación, lo que es un avance porque ellos estaban casi ausentes en las políticas climáticas hasta ahora emprendidas; hubiera sido deseable que de partida ellos estuvieran contemplados en la ley.
Entre los principios de la ley, vemos que la incorporación de ellos será positiva, en particular el principio precautorio aplicado en la práctica; y el de equidad, respecto del cual nos hubiera gustado un mayor desarrollo en el anteproyecto, atento que un escenario más robusto de lucha contra la problemática devendrá en limitaciones a derechos adquiridos que sería aconsejable se resuelvan a nivel legislativo para una actuación acorde con la estabilidad y la seguridad jurídica que debe preservarse siempre.
Un punto que honra la tradición en medioambiente es que se han incluido oportunidades de participación ciudadana en los procesos de dictación de instrumentos climáticos.
Vuelve a revalorizarse en el proyecto el diagnóstico como parte de las estrategias con que Chile ha enfrentado el fenómeno, sin dudas el diagnóstico ha sido una parte importante de las tareas que hasta ahora se han emprendido, avanzar del análisis a las medidas en sí es un desafío que esperábamos el anteproyecto concretara.
Sobre la transferencia de tecnología está prevista en el anteproyecto, pero no se conecta con inversiones ni con la política industrial y esto es una falla importante, si pensamos cómo los países desarrollados han enfrentado el cambio climático. Sobre el financiamiento se puede hacer el mismo comentario.
La presencia del sector privado está contemplada en el anteproyecto en tres ocasiones, por ejemplo el artículo 27 incorpora un sistema de certificación de GEI, la norma proyectada no es muy feliz y debería mejorarse, al igual que las oportunidades en que el sector privado participa en la lucha climática. Los sistemas de etiquetado es algo que relaciona cambio climático con comercio internacional lo que excede el ámbito nacional y tiene directas implicancias en los sectores exportadores.
El proyecto reconoce el rol de la ciencia en la lucha climática y plantea un repositorio científico de cambio climático, lo que a todas luces es relevante para abordar con una mirada chilena las soluciones nacionales a la problemática.
Entre los desafíos más relevantes de los asuntos de política climática se pueden encontrar en la investigación interdisciplinaria que se adapta mejor a una perspectiva de la tierra como un sistema holístico, esto es algo que, si bien no está expreso en el proyecto, es parte de los contenidos que debe preservar la ley marco.
El planteo de la posibilidad de utilizar instrumentos económicos para la gestión de Cambio Climático es bastante general, sería bueno establecer cuáles son e imponer tareas específicas para su concreción. Esto también se relaciona con el financiamiento.
Se incorporan evaluaciones de riesgo de cambio climático para iniciativas de inversión con recursos públicos, estas evaluaciones debieran generalizarse y plantearse mejor en la futura ley.
En este punto, nos preguntamos si por momentos el proyecto no se olvida de las regulaciones derivando el trabajo en otros instrumentos futuros, en lugar de regular directamente los procesos, allanando el camino de las instituciones que asumen la lucha contra el cambio climático.
La buena noticia es que se trata un anteproyecto, se espera que la participación ciudadana permita su mejora y que en definitiva haga realidad la lucha contra el cambio climático. La atención internacional que la COP 25 atraerá para Chile requiere una ley sólida que marque un avance y no una mera recopilación de que lo que se ha realizado hasta la fecha en materia de cambio climático, para cumplir realmente con el papel ordenador de la ley de la realidad.